<meta name='google-adsense-platform-account' content='ca-host-pub-1556223355139109'/> <meta name='google-adsense-platform-domain' content='blogspot.com'/> <!-- --><style type="text/css">@import url(https://www.blogger.com/static/v1/v-css/navbar/3334278262-classic.css); div.b-mobile {display:none;} </style> </head><body><script type="text/javascript"> function setAttributeOnload(object, attribute, val) { if(window.addEventListener) { window.addEventListener('load', function(){ object[attribute] = val; }, false); } else { window.attachEvent('onload', function(){ object[attribute] = val; }); } } </script> <div id="navbar-iframe-container"></div> <script type="text/javascript" src="https://apis.google.com/js/platform.js"></script> <script type="text/javascript"> gapi.load("gapi.iframes:gapi.iframes.style.bubble", function() { if (gapi.iframes && gapi.iframes.getContext) { gapi.iframes.getContext().openChild({ url: 'https://www.blogger.com/navbar/1674307920388634574?origin\x3dhttp://tamaru-pajarillo.blogspot.com', where: document.getElementById("navbar-iframe-container"), id: "navbar-iframe" }); } }); </script>
T a m a r u Pájarillo,,,
Desaparecer {3.- ♥}
domingo, 28 de febrero de 2010

Aquella noche no dormí bien. Tenía el presentimiento de que algo iba ha suceder y no estaba muy conforme con que mi padre hiciera todo lo que le viniera en gana sin al menos contar conmigo. Cerré los ojos a una hora muy tarde, y lo lamento, pero mi lluvia de pensamientos no me dejaba ser victima de un sueño. Al alba me desperté alertada, pues lo normal era oir a mi padre preparar el desayuno, o sobresaltarme de la cama diciéndome “Buenos Días” pero el silencio sepulcral invadió la casa entera y el más mínimo rincón. Me puse un coletero e inspeccioné la casa, no había nada extraño, en absoluto; Había una nota en la mesa de la cocina y pronto puse pies en polvorosa para ir hacia la nota y leerla, aunque no entendía nada así decía:

<< Querida hija mía:
Lamento este repentino día. Hoy pensé que era mejor no despertarte porque quizás harías demasiadas preguntas para poco tiempo. Tamaru debo abandonar la ciudad –o puede que el país incluso- Me llamarás mal padre o irresponsable, dirás que le prometí a tu madre que te cuidaría… Pues eso hago, protegerte. Ahora mismo te he dejado en buenas manos, haz caso a varias cosas Tamaru, y estate atenta: Nunca te relaciones con el esposo de nuestra nueva vecina. Ya nos pondremos en contacto hija.
Atentamente: Tu padre, Ootori.
P.D.: Tamaru, abre tus alas…
>>

En cuanto acabé de leer la carta oí un grito de Nami, era confuso pero salí corriendo a ver que ocurría. Abrí sin más la puerta de su casa, me impactó el ver a su marido con un cuchillo en la mano. Es normal que alguien tenga un cuchillo si dijeran que estaba cocinando, pero para cocinar nunca cogemos un cuchillo con gesto amenazador. -¡¿Y tú qué miras?!- me gritó aquel hombre que fugazmente deducía que sería el marido de Nami y padre de Suko y Kaleido. –N-Nada Señor.- Tartamudeé pero él se digno a tirar el cuchillo sin hacer daño a nadie y fue hacia a mí. Corrí con todas mis ganas hacia mi casa que apenas estaba a unos metros, pero me agarró del brazo dándome una vuelta completa y agarrándome del cuello a punto de ahogarme. –Tu eres…- no podía oír bien, estaba mareada, confusa, aturdida pero juro por mi madre que vi algo. Vi como aquel pájaro, aquel simple pájaro que observaba todos los días se transformaba en mitad humano y mitad pájaro. Abrí mis ojos como platos al ver aquella escena pero aun más me impresionó ver como le golpeó la cabeza a este hombre. Tras recibir aquel golpe el marido de Nami me soltó con brusquedad, mi vista se nublo y caí al suelo; Recibí un golpe en la cabeza pues no recuerdo que pasó después.

Abrí lentamente mis ojos porque había una luz cegadora ante mí, una vez abiertos no reconocí nada. Me levanté y me tambaleé, mis piernas no respondían bien y la verdad tenía miedo a que pudiese darme un golpe fuerte en ellas. Pronto confundí aromas pero el olor me hacia pensar en que perfectamente estaba en un bosque claro y húmedo. Deseaba con ganas saber donde estaba. –Te has despertado ya.- dijo una vocecilla. Miré de un lado a otro, hacia arriba y hacia abajo. Entre los árboles vi un pequeño pájaro igual al que siempre observaba pero me interrogaba a mí misma si era ese pájaro o la mente me estaba haciendo una jugarreta. –Tranquila tu padre está bien, Tamaru.- de pronto volvió ha hablar aquel pájaro misterioso, entonces si podía creer que no estaba alucinando ni me estaban gastando una broma. Mis dedos se alzaron hasta el pájaro, al principio dudé de acariciarle o no pero lo hice sin miedo y no huyó. Miré el plumaje del pájaro, el pico, sus ojillos, sus cortas patas… Por un momento me quedé embelesada mirando al pájaro hasta que me hizo sacar una ligera sonrisa, y ha hacerle la pregunta de: -¿Cómo sabes mi nombre?- abrió sus alas y hecho a volar, yo me aparté un poco –o hasta chocar contra un árbol hacia mis espaldas- y miré al cielo. No voló muy alto pues lo siguiente que hizo fue guiarme hasta un sitio cercano a un lago. –Aquí podrás dormir y lavarte.- el lago, sinceramente estaba limpio. Podía observar perfectamente todo tipo de peces majestuosos y a su vez plantas extrañas, metí mi mano en aquellas aguas cristalinas y frías. –Yo cogeré por aquí para dormir, ¿Y tú?- mire de nuevo el cielo y me pregunté como es que podía dormir de día este pájaro. -¿Eres nocturno, pájaro?- cambie mi cara de felicidad a una muy seria, casi creo que asusté a aquel diminuto ser. –No, no lo soy. Pero he hecho guardia muchas noches y ahora que ya he hecho parte de mi trabajo debo dormir. Creo que tu también no tienes buena cara.- se acomodó y por fin se durmió. La verdad tenía razón no había dormido apenas unas horas y mi cara y mi estado estaban de mal humor. Me acerqué al pájaro y me apegué a ese diminutito pájaro, sí, me quedé dormida junto a: él.