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T a m a r u Pájarillo,,,
Pájaro {4.- ♥}
jueves, 22 de julio de 2010

Cuando abrí mis ojos me encontré abrazada a un chico. Sobresaltada le di un buen golpe en el tórax y éste se quejó - ¡Ouch! Eso ha dolido.- gimió. Me puse en pie y alterada pregunté: -¡¿Dónde está Pájaro?!- le miré malamente. Él seguía con la mano en el tórax pero ya no se quejaba para nada, entonces me miró de pies a cabeza. Me percaté de algo cuando se dio media vuelta, y claramente aquel chico era Pájaro; sus alas estaban en la espalda ocultándolas de mí. –Tú… eres Pájaro ¿cierto?- Dio una mirada de lado, a continuación se giró hacia mí y se acercó: -Ten cuidado Tamaru. Aquí no son como en tu mundo.- se dispuso a seguir caminando por un sendero que ascendía a una ladera, le seguí. ¿Dónde estaba? ¿Acaso estaba en peligro? ¿Por qué Pájaro es mitad-humano y mitad-pájaro? ¿Qué sucede? ¿Dónde está mi padre? En el camino me fui haciendo tantas preguntas que acabé mareada, pero la brisa era muy agradable y hacía de mí que acogiera fuerzas para algo que se avecinaba. Era de noche y la brisa también hacía que cogiera frío así que después de todo no era tan buena; Pájaro me vio temblar del frío y me rodeó con sus brazos. –Tranquila, ya te acostumbrarás al clima de este mundo.- le miré fijamente a la cara, parecía un hechizo, un hechizo que no me dejaba apartar la vista de él. –Algún día serás como yo una chica mitad-humana y mitad-pájaro; para algo eres de este mundo.- él me miró y me dedicó una sonrisa, pero noté perfectamente que esa sonrisa no era de alegría sino de esperanza.

Mientras Pájaro me daba calor en el camino, pasaron las horas y pronto por el camino vi como el rocío abundaba en los pétalos de las flores. Veía como los pájaros normales iban de árbol en árbol, observaba de un lado a otro, arriba y abajo hasta fijarme en el río como saltaban los peces. Las mariposas de muchos colores ascendían al cielo, el césped estaba fresco de la noche y olía todo a húmedo. Me aparté de los brazos de Pájaro bruscamente para acercarme al río y ver las plantas que había, aproveché y me lavé la cara para despertarme bien. Divisé a lo lejos el rostro de Pájaro y leí en él muchas cosas, leí que se alegraba de estar conmigo en el camino y enseñarme la belleza de la naturaleza; leí una frase de mi padre: "Este es el don del observar, este es el don de oír las voces que muchos no oyen." Me levante y me iba acercando a Pájaro, pero de pronto las nubes empezaron a dispersarse dando así comienzo a los primeros rayos de sol del alba. Un rayo calló en el rostro de Pájaro, otro en el pecho así hasta abundarse de luz y poco a poco una estela de brillantes rodearle. Cuando los brillantes disiparon solo me encontré a un pequeño pájaro en el césped; era Pájaro. Parecía absurdo que los típicos cuentos de hadas que leía de pequeña, esos cuentos que en mi mundo nada es real, aquí sí eran reales y si eso era así pronto tenía que hacer algo pues Pájaro me advirtió de que yo me volvería como él en este mundo. -¡Ay madre! ¡Pájaro!- recogí a Pájaro entre mis manos y esta vez le di yo el calor que él a mi me entregó en el sendero.

No sabía muy bien a donde ir, sin embargo seguí el sendero camino recto pero a medida que iba avanzando todo se volvía oscuro, solitario, frío, tenebroso. Vi unas rocas grandes y me limité a sentarme dejando a mi lado a Pájaro. Él no parecía muy en lo cierto o al menos daba esa imagen en su aspecto de pájaro de verdad, yo sí que estaba desconcertada y perdida. –Sabes Pájaro… tengo muchas preguntas en mi cabeza...- de pronto sentí que el peso de Pájaro estaba encima de mi estomago y continué hablando: -…no sé de mi padre, no sé porque el marido de Nami quería atacarme, tampoco entiendo porque tú vienes a mi casa a observarme…- Pájaro se posó en mi mano y la alcé terminando mi charla: -…lo que menos entiendo es porque sigues a mi lado y no me das respuestas de nada.- cerré los ojos e inspiré muy hondo soltando lentamente el aire de mis pulmones. En mi mano notaba el pulso de Pájaro, notaba el palpitar de su pequeño y minúsculo corazón. Le rocé mi mejilla contra su cabecita: -¡Yo también estoy segura de que tú tienes muchas preguntas sin respuestas!- le dejé volar para que me indicara el camino que escoger, si dar media vuelta y regresar al problema o seguir adelante y enfrentarme a otros problemas pero con respuestas.