Vecinos {2.- ♥}
sábado, 30 de enero de 2010
Me quedé media confundida por este momento, pero este va y ven se me fue al momento. Deseé saber quien sería nuestros nuevos vecinos así que en cuanto terminé todo en la casa me preparé para visitarles, la verdad estaba nerviosa y a la vez alegre. Toqué la puerta cuidadosamente percatándome de que la puerta no tenía mirilla, la verdad siempre pensé que la tenía o al menos eso vi con mis anteriores vecinos. Me abrió la puerta un joven muchacho. Su cabello era de un castaño que radiaba al sol junto con sus ojos verdes como la hierba en primavera. Se veía a simple vista que él sí era asiático, puede que él me viera rara por mi extraña mezcla pero no lo hizo. Me sonrió y me dedicó una suave y cálida mano a que pasara a la casa: -Puedes pasar, estamos encantados de tener visita.- entré y él cerró la puerta delicadamente, en el ambiente se veía paz y calma pero algo en mi interior me decía que no era así. La casa estaba muy cuidada y los muebles bien colocados casi parecía un museo por sus grandes colecciones de libros... Me llamó la atención el ver una foto de un pájaro muy parecido -o igual- al que observo día a día. Me acerqué al cuadro pero en ese instante una mujer de piel pálida apareció delante de mis ojos casi pura magia.
-Buenos días Tamaru. Tu padre ya me aviso de tu llegada.- me fijé en que esa mujer tenía una presencia extraña en sí, era un fantasma una ilusión mía, centrada en su piel me di cuenta de unos cuantos -o mejor dicho bastantes- moretones. -Eres una joven muy guapa, tu mezcla es muy bonita... Jamás he conocido ha alguien como tú.- tendió una de sus manos en mi hombro y me dio la impresión de que sufría su ser por dentro, algo me llamaba a ella me decía de que algo oculta esta nueva familia y solo el tiempo me iba a dejar averiguarlo. -G-Gracias por su cumplido señora...- me quede en blanco. -Señora Nami.- sonrió y seguido me señaló a sus dos únicos hijos presentes. -Este es Suko.- señaló al más pequeño cual mostraba una edad de séis años. -Y este es Kaleido.- continuo de su hijo mayor cual aparentaba y sabía de antemano quince años, éste se ruborizó algo y bajó la mirada; sentí decepción sinceramente así que no le dedique una mirada correspondiente.
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