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T a m a r u Pájarillo,,,
Una Estrella (1ª Part.) {5.- ♥}
martes, 7 de junio de 2011

Tras una semana de camino por el bosque pensé que Pájaro se había perdido. Tenía hambre y sed, pensaba en mi hogar, en mi padre, en mi madre… Pensé en mi vida, en mi habitación, en mis cosas, en mi ropa (limpia por supuesto)… Me derrumbé en el pleno sendero de la oscuridad y renegué de seguir adelante. De pronto se hizo la puesta de sol, ocultando sus delicados visillos que tiñen el cielo de un color de algodón de azúcar. Mi cara estaba incrustada en el suelo hasta que sentí una mano en mi hombro.

-¡Arriba! ¿Piensas que así te será fácil llegar al pueblo?- dijo Pájaro desafiando mi paciencia y ganas de vivir. Me levanté poco a poco con una cara de mala leche, di un paso pero de pronto oí un ruido que me dejó perpleja:

-¿Lo has oído?- le pregunté a Pájaro. –Sí, lo he oído ¿y sabes qué?- Pájaro al ser ya de noche, era semi-humano así que aprovechó y con ayuda de sus alas en la espalda voló y recogió unos frutos que habían en los árboles. –Lo que te sucede es que tenías hambre, pero ya estoy yo aquí para volver a salvarte el hambre.-
-¿De verdad crees que me haces falta?- dije irónicamente.

-Pues sí, sin mí ya no estaríamos cerca del pueblo, y aun menos de un lugar donde dormir bien.- una vez dicha las palabras de Pájaro, continuamos caminando mientras yo iba comiendo esos frutos de color violeta. Su sabor era dulce y la verdad quitaba el hambre, pero no el cansancio por lo tanto seguía desanimada por completo.
Avanzamos unos metros, hasta que me dio la sensación de que alguien nos observaba…

-¿Ocurre algo quejica?- Pájaro se rió pero yo no, miré al cielo y vi un destello. -¡Pájaro una estrella fugaz!- señalé según el destello, pero no se movió a ningún lugar. –Tamaru, en este mundo las estrellas no existen. Son creadoras de nuestras partículas pero apenas las vemos.- En efecto jamás vi una sola estrella en el cielo cuando dormía. Creí que el hambre y el cansancio me hicieron una mala jugada pero ocurrió algo demasiado rápido, sentí como una fuerza se apoderaba de mi cuerpo. Todo se nubló de polvo, no veía a Pájaro, me desesperé y cerré los ojos. Cuando se calmó la cosa, los abrí:

-¡Pájaro! ¡Pájaro!- Gritaba desesperada, aterrorizada, perdida. Miraba de un lado a otro hasta que di con su cuerpo, estaba en el suelo, me acerqué hasta él pero lo que vi era algo más urgente que lo que hubiese caído: Pájaro estaba herido de un ala. –No te preocupes, es un ser vivo y como ser vivo se recuperará.- Una suave voz sonó a mis espaldas. Mi mirada obviamente tenía que ver como era esa voz físicamente, pero divisé una hermosa joven. Era alta, esbelta, sus ojos eran grises claros, casi a blanco; sus mejillas eran algo sonrosadas y sus labios carnosos, su melena lisa era el orgullo del oro que relucía.

-¿Qui… Quién eres tú?- tartamudee de la impresión, hasta que me di cuenta de que llevaba simplemente un largo traje que dejaba a la vista sus pies. No llevaba zapatos, iba descalza sufriendo el dolor de clavarse las piedras del bosque. –Mi nombre es Leya y soy una estrella.- Me eché a reír aunque ella preguntó que me hacía tanta gracia, deje de reír al sentir un primer movimiento de Pájaro ante el golpe que habría recibido del impacto. -¡Pájaro!- le abracé, bruscamente llena de emoción aunque a él le hizo daño pero comprendió el susto que me llevé. -Con que un destello, ¿no es así Tamaru?- cuando formuló la pregunta Pájaro miró a Leya con cara de resignación. Creí que esto era el comienzo de una nueva aventura junto a un Pájaro-Humano y una Estrella.


Pájaro {4.- ♥}
jueves, 22 de julio de 2010

Cuando abrí mis ojos me encontré abrazada a un chico. Sobresaltada le di un buen golpe en el tórax y éste se quejó - ¡Ouch! Eso ha dolido.- gimió. Me puse en pie y alterada pregunté: -¡¿Dónde está Pájaro?!- le miré malamente. Él seguía con la mano en el tórax pero ya no se quejaba para nada, entonces me miró de pies a cabeza. Me percaté de algo cuando se dio media vuelta, y claramente aquel chico era Pájaro; sus alas estaban en la espalda ocultándolas de mí. –Tú… eres Pájaro ¿cierto?- Dio una mirada de lado, a continuación se giró hacia mí y se acercó: -Ten cuidado Tamaru. Aquí no son como en tu mundo.- se dispuso a seguir caminando por un sendero que ascendía a una ladera, le seguí. ¿Dónde estaba? ¿Acaso estaba en peligro? ¿Por qué Pájaro es mitad-humano y mitad-pájaro? ¿Qué sucede? ¿Dónde está mi padre? En el camino me fui haciendo tantas preguntas que acabé mareada, pero la brisa era muy agradable y hacía de mí que acogiera fuerzas para algo que se avecinaba. Era de noche y la brisa también hacía que cogiera frío así que después de todo no era tan buena; Pájaro me vio temblar del frío y me rodeó con sus brazos. –Tranquila, ya te acostumbrarás al clima de este mundo.- le miré fijamente a la cara, parecía un hechizo, un hechizo que no me dejaba apartar la vista de él. –Algún día serás como yo una chica mitad-humana y mitad-pájaro; para algo eres de este mundo.- él me miró y me dedicó una sonrisa, pero noté perfectamente que esa sonrisa no era de alegría sino de esperanza.

Mientras Pájaro me daba calor en el camino, pasaron las horas y pronto por el camino vi como el rocío abundaba en los pétalos de las flores. Veía como los pájaros normales iban de árbol en árbol, observaba de un lado a otro, arriba y abajo hasta fijarme en el río como saltaban los peces. Las mariposas de muchos colores ascendían al cielo, el césped estaba fresco de la noche y olía todo a húmedo. Me aparté de los brazos de Pájaro bruscamente para acercarme al río y ver las plantas que había, aproveché y me lavé la cara para despertarme bien. Divisé a lo lejos el rostro de Pájaro y leí en él muchas cosas, leí que se alegraba de estar conmigo en el camino y enseñarme la belleza de la naturaleza; leí una frase de mi padre: "Este es el don del observar, este es el don de oír las voces que muchos no oyen." Me levante y me iba acercando a Pájaro, pero de pronto las nubes empezaron a dispersarse dando así comienzo a los primeros rayos de sol del alba. Un rayo calló en el rostro de Pájaro, otro en el pecho así hasta abundarse de luz y poco a poco una estela de brillantes rodearle. Cuando los brillantes disiparon solo me encontré a un pequeño pájaro en el césped; era Pájaro. Parecía absurdo que los típicos cuentos de hadas que leía de pequeña, esos cuentos que en mi mundo nada es real, aquí sí eran reales y si eso era así pronto tenía que hacer algo pues Pájaro me advirtió de que yo me volvería como él en este mundo. -¡Ay madre! ¡Pájaro!- recogí a Pájaro entre mis manos y esta vez le di yo el calor que él a mi me entregó en el sendero.

No sabía muy bien a donde ir, sin embargo seguí el sendero camino recto pero a medida que iba avanzando todo se volvía oscuro, solitario, frío, tenebroso. Vi unas rocas grandes y me limité a sentarme dejando a mi lado a Pájaro. Él no parecía muy en lo cierto o al menos daba esa imagen en su aspecto de pájaro de verdad, yo sí que estaba desconcertada y perdida. –Sabes Pájaro… tengo muchas preguntas en mi cabeza...- de pronto sentí que el peso de Pájaro estaba encima de mi estomago y continué hablando: -…no sé de mi padre, no sé porque el marido de Nami quería atacarme, tampoco entiendo porque tú vienes a mi casa a observarme…- Pájaro se posó en mi mano y la alcé terminando mi charla: -…lo que menos entiendo es porque sigues a mi lado y no me das respuestas de nada.- cerré los ojos e inspiré muy hondo soltando lentamente el aire de mis pulmones. En mi mano notaba el pulso de Pájaro, notaba el palpitar de su pequeño y minúsculo corazón. Le rocé mi mejilla contra su cabecita: -¡Yo también estoy segura de que tú tienes muchas preguntas sin respuestas!- le dejé volar para que me indicara el camino que escoger, si dar media vuelta y regresar al problema o seguir adelante y enfrentarme a otros problemas pero con respuestas.


Desaparecer {3.- ♥}
domingo, 28 de febrero de 2010

Aquella noche no dormí bien. Tenía el presentimiento de que algo iba ha suceder y no estaba muy conforme con que mi padre hiciera todo lo que le viniera en gana sin al menos contar conmigo. Cerré los ojos a una hora muy tarde, y lo lamento, pero mi lluvia de pensamientos no me dejaba ser victima de un sueño. Al alba me desperté alertada, pues lo normal era oir a mi padre preparar el desayuno, o sobresaltarme de la cama diciéndome “Buenos Días” pero el silencio sepulcral invadió la casa entera y el más mínimo rincón. Me puse un coletero e inspeccioné la casa, no había nada extraño, en absoluto; Había una nota en la mesa de la cocina y pronto puse pies en polvorosa para ir hacia la nota y leerla, aunque no entendía nada así decía:

<< Querida hija mía:
Lamento este repentino día. Hoy pensé que era mejor no despertarte porque quizás harías demasiadas preguntas para poco tiempo. Tamaru debo abandonar la ciudad –o puede que el país incluso- Me llamarás mal padre o irresponsable, dirás que le prometí a tu madre que te cuidaría… Pues eso hago, protegerte. Ahora mismo te he dejado en buenas manos, haz caso a varias cosas Tamaru, y estate atenta: Nunca te relaciones con el esposo de nuestra nueva vecina. Ya nos pondremos en contacto hija.
Atentamente: Tu padre, Ootori.
P.D.: Tamaru, abre tus alas…
>>

En cuanto acabé de leer la carta oí un grito de Nami, era confuso pero salí corriendo a ver que ocurría. Abrí sin más la puerta de su casa, me impactó el ver a su marido con un cuchillo en la mano. Es normal que alguien tenga un cuchillo si dijeran que estaba cocinando, pero para cocinar nunca cogemos un cuchillo con gesto amenazador. -¡¿Y tú qué miras?!- me gritó aquel hombre que fugazmente deducía que sería el marido de Nami y padre de Suko y Kaleido. –N-Nada Señor.- Tartamudeé pero él se digno a tirar el cuchillo sin hacer daño a nadie y fue hacia a mí. Corrí con todas mis ganas hacia mi casa que apenas estaba a unos metros, pero me agarró del brazo dándome una vuelta completa y agarrándome del cuello a punto de ahogarme. –Tu eres…- no podía oír bien, estaba mareada, confusa, aturdida pero juro por mi madre que vi algo. Vi como aquel pájaro, aquel simple pájaro que observaba todos los días se transformaba en mitad humano y mitad pájaro. Abrí mis ojos como platos al ver aquella escena pero aun más me impresionó ver como le golpeó la cabeza a este hombre. Tras recibir aquel golpe el marido de Nami me soltó con brusquedad, mi vista se nublo y caí al suelo; Recibí un golpe en la cabeza pues no recuerdo que pasó después.

Abrí lentamente mis ojos porque había una luz cegadora ante mí, una vez abiertos no reconocí nada. Me levanté y me tambaleé, mis piernas no respondían bien y la verdad tenía miedo a que pudiese darme un golpe fuerte en ellas. Pronto confundí aromas pero el olor me hacia pensar en que perfectamente estaba en un bosque claro y húmedo. Deseaba con ganas saber donde estaba. –Te has despertado ya.- dijo una vocecilla. Miré de un lado a otro, hacia arriba y hacia abajo. Entre los árboles vi un pequeño pájaro igual al que siempre observaba pero me interrogaba a mí misma si era ese pájaro o la mente me estaba haciendo una jugarreta. –Tranquila tu padre está bien, Tamaru.- de pronto volvió ha hablar aquel pájaro misterioso, entonces si podía creer que no estaba alucinando ni me estaban gastando una broma. Mis dedos se alzaron hasta el pájaro, al principio dudé de acariciarle o no pero lo hice sin miedo y no huyó. Miré el plumaje del pájaro, el pico, sus ojillos, sus cortas patas… Por un momento me quedé embelesada mirando al pájaro hasta que me hizo sacar una ligera sonrisa, y ha hacerle la pregunta de: -¿Cómo sabes mi nombre?- abrió sus alas y hecho a volar, yo me aparté un poco –o hasta chocar contra un árbol hacia mis espaldas- y miré al cielo. No voló muy alto pues lo siguiente que hizo fue guiarme hasta un sitio cercano a un lago. –Aquí podrás dormir y lavarte.- el lago, sinceramente estaba limpio. Podía observar perfectamente todo tipo de peces majestuosos y a su vez plantas extrañas, metí mi mano en aquellas aguas cristalinas y frías. –Yo cogeré por aquí para dormir, ¿Y tú?- mire de nuevo el cielo y me pregunté como es que podía dormir de día este pájaro. -¿Eres nocturno, pájaro?- cambie mi cara de felicidad a una muy seria, casi creo que asusté a aquel diminuto ser. –No, no lo soy. Pero he hecho guardia muchas noches y ahora que ya he hecho parte de mi trabajo debo dormir. Creo que tu también no tienes buena cara.- se acomodó y por fin se durmió. La verdad tenía razón no había dormido apenas unas horas y mi cara y mi estado estaban de mal humor. Me acerqué al pájaro y me apegué a ese diminutito pájaro, sí, me quedé dormida junto a: él.


Vecinos {2.- ♥}
sábado, 30 de enero de 2010

Seguía mirando día tras día el patio a ese absurdo pájaro que día tras día me hartaba mirarlo y atraer a mi vaga mente el cruel recuerdo de mi apreciada madre. Aquella mañana estaba enterrada en mi hermoso futon disfrutando del calor que desprendía la manta mientras una pequeña corriente entraba en la casa sin dejarme dormir tranquila. Oí los pasos de alguien caminar algo apresurado, cuando de pronto se paro y abrió la puerta corredera de mi habitación con lentitud. -¿Cuanto tiempo vas a estar ahí metida?- protesto mi padre algo enfadado. Eche un pequeño murmullo de incomodidad por la luz así como entre poniendo mi mano entre mis ojos y el destello de la mañana. -Han vendido la casa de aquí al lado.- di un pequeño brinco de mi futon recogiéndome los pelos que tenia medio enredados, y después me quite las pequeñas legañas de los ojos medio rasgados que tenia. -¿Cuando te has enterado?- me levante a recoger el futon. -Esta misma mañana cuando el camión paro delante de aquí.- dio media vuelta. Al principio parecía algo frustrado, miro de reojo el patio aunque casi ni parecía mirarlo.

Me quedé media confundida por este momento, pero este va y ven se me fue al momento. Deseé saber quien sería nuestros nuevos vecinos así que en cuanto terminé todo en la casa me preparé para visitarles, la verdad estaba nerviosa y a la vez alegre. Toqué la puerta cuidadosamente percatándome de que la puerta no tenía mirilla, la verdad siempre pensé que la tenía o al menos eso vi con mis anteriores vecinos. Me abrió la puerta un joven muchacho. Su cabello era de un castaño que radiaba al sol junto con sus ojos verdes como la hierba en primavera. Se veía a simple vista que él sí era asiático, puede que él me viera rara por mi extraña mezcla pero no lo hizo. Me sonrió y me dedicó una suave y cálida mano a que pasara a la casa: -Puedes pasar, estamos encantados de tener visita.- entré y él cerró la puerta delicadamente, en el ambiente se veía paz y calma pero algo en mi interior me decía que no era así. La casa estaba muy cuidada y los muebles bien colocados casi parecía un museo por sus grandes colecciones de libros... Me llamó la atención el ver una foto de un pájaro muy parecido -o igual- al que observo día a día. Me acerqué al cuadro pero en ese instante una mujer de piel pálida apareció delante de mis ojos casi pura magia.

-Buenos días Tamaru. Tu padre ya me aviso de tu llegada.- me fijé en que esa mujer tenía una presencia extraña en sí, era un fantasma una ilusión mía, centrada en su piel me di cuenta de unos cuantos -o mejor dicho bastantes- moretones. -Eres una joven muy guapa, tu mezcla es muy bonita... Jamás he conocido ha alguien como tú.- tendió una de sus manos en mi hombro y me dio la impresión de que sufría su ser por dentro, algo me llamaba a ella me decía de que algo oculta esta nueva familia y solo el tiempo me iba a dejar averiguarlo. -G-Gracias por su cumplido señora...- me quede en blanco. -Señora Nami.- sonrió y seguido me señaló a sus dos únicos hijos presentes. -Este es Suko.- señaló al más pequeño cual mostraba una edad de séis años. -Y este es Kaleido.- continuo de su hijo mayor cual aparentaba y sabía de antemano quince años, éste se ruborizó algo y bajó la mirada; sentí decepción sinceramente así que no le dedique una mirada correspondiente.


Tamaru {1.- ♥}
jueves, 21 de enero de 2010

Fue pura magia la mía con tan solo siete años descubrir lo bello y lo feo. Jamas me pare a pensar los problemas de nadie y aun menos conocí la tristeza, no miraba nunca atrás hacia el pasado. Tan solo era una niña. Una niña de siete años y mi nombre es: Tamaru. Vivo con mi madre: Nerea;y mi padre: Ootori. Mi madre es Europea y mi padre es asiático, ella siempre me contó que conoció a mi padre en un viaje que hizo y desde ahí se enamoraron y se casaron. Mas tarde vine yo al mundo y mi madre decidió venirse aquí a vivir con mi padre, donde esta casa comparada con las normales de << hoy en día >> es muy distinta. Esta casa aun tiene puertas correderas de papel y hay cuatro casas y si abres la puerta trasera veré un patio trasero parecido a un jardín zen. En el centro del patio hay un arbolillo semi-seco donde muchas veces se posan pajaritos pequeños.

-Mira Hija.- me agarraba mi madre de la mano. -¿Ves aquel pájaro que esta posado en ese árbol del patio?- me decía con delicadeza mi amada madre. -Si.- Respondí asintiendo mi cabeza. Mi madre por un momento sonrió y cerro los ojos susurrando al vacío: -<< Algún día conocerás el poder de observar >>- Se levanto y se marcho a hacer cosas, yo sin embargo me quede sentada observando aquel pájaro. El pájaro estaba quieto un rato y más tarde se marchaba a coger algo de comida y volaba hacia el cielo. Abrí los ojos como platos y me levante de un salto;corrí hasta mi madre y le tiraba del quimono. -¡¡Mama!! ¡¡Mama!! ¡El pájaro! ¡El Pájaro!- brincaba sin parar. -Quieta hija, espera...- mi madre dejo las cosas que tenia en la mano en una mesilla. Con delicadeza nos fuimos al patio del arbolillo y así señale hacia el árbol: -Cogió comida el pajarito y se marcho.- miraba a mi madre, y ella de pronto entristeció. -¿Mama?- me quede en blanco, ella susurro algo que apenas oí. Me soltó la mano y se marcho de nuevo a sus tareas, yo mientras me senté de nuevo y con seriedad y me quede observando.

Pasaron los meses, el año, otro año... Y yo continuaba creciendo, avanzando y como no: observando. -Tamaru.- me di media vuelta y mire a mi padre. Me levante y me dirigí hacia el. -Tengo que contarte una cosa.- ambos nos fuimos a la sala de invitados. Parecía que en aquel instante el tiempo se paro, que el aire no corría, que los pájaros no volaban. -Tu madre sufre una extraña enfermedad.- me dijo con voz tensa y con sus manos posadas en mis hombros. -Los médicos dicen que debe guardar reposo, y esperan encontrar cura lo antes posible...- cabizbaja derrame una pequeña lagrima. -...pero si no encuentran un elixir pronto, puede que... no sobreviva.- se levanto y cerro la puerta corredera. Me quede quieta llorando, arrodillada y con las manos juntas. Mama estuvo dos semanas de reposo en el hospital, para entonces regreso a casa y estuvo de reposo en su habitación. Una mañana me llamo, -Hija miá, ven aquí.- me acerque con cautela. -quiero pedirte un favor.- sonreí y pregunte: -¿Que favor mama?- me tomo una de las manos y me miro con ojos lagrimosos. -Quiero que todos los días observes al pajarito del árbol, y nunca nunca dejes de observarle.- aparte mi mano rápidamente pues sentí que un miedo me recorría todo el cuerpo, de los pies a la cabeza.

Asentí con la cabeza y me levante, mama se quedo mirándome fijamente como si esperara algo de mi. Yo dedique un corto suspiro mientras intentaba poner otra actitud, pero lo único que hice fue poner cara seria y sentarme delante de la puerta trasera y fijarme en aquel pájaro que tanto quería mi madre. Me senté allí y para mi parecía que no pasaba el tiempo pero alrededor mía, si. Pasaron años, y había cumplido recientemente 17 años. Para entonces mama murió, pues no se encontró cura alguna y falleció;sus ultimas palabras fueron como un resoplar y su eco solo se oía cuando había viento. Lo único que avecinaba novedades para mi era que una familia de una de estas cuatro casas que formaba el pequeño recinto, se habían mudado.

Tras tantos años, para mi sin mi madre el mundo estaba vacío y sin energía;sin embargo algo me decía que pronto cambiarían las cosas.